
Me acuerdo del calor que hacía. De cómo tú sin venir a cuenta me dijiste que tenías una hora perdida sin nadie con quien quedar. De la sonrisa de complicidad cuando te ofrecí mi compañía y la cara de tonta que llevé durante las dos últimas horas.
Fuimos andando hasta eL banco donde, con la excusa de que sólo daba sombra en una equina, me hiciste sentar encima de ti. Un mordisco en el brazo, caricias, besos robados...
Y ahora recuerdo eL banco y el día que me dijiste adiós.