miércoles, 30 de mayo de 2012

eNaNo

Un metro ochenta de bondad, de inocencia y por mucho que nos pese de madurez. 
Un metro ochenta de sonrisas, de prudencia y de comentarios perspicaces llenos de picardía. 
Un metro ochenta de sueños, de inquietudes, de ganas de comerse el mundo. 
Un metro ochenta de paciencia, de obediencia y de dejarse querer. 
Un metro ochenta que a pesar de aparentar 20 años solo tiene 16, que lucha todos los días acompañado de las mejores personas que conozco, respaldado y animado por los rezos y buenos deseos de las personas que le quieren. 
Un metro ochenta al que hace unos años, cuando se apagaba la luz y le atemorizaba la oscuridad, le contaba cuentos e inventaba historias para que se durmiera tranquilo. 
Un metro ochenta que cada día me sorprende, un metro ochenta al que quiero con locura.


"Es como un bebé, suave y blandito" 

http://www.youtube.com/watch?v=ahRJy7Z7WwE

viernes, 4 de mayo de 2012

El pirata y la princesa


Era se una vez una pareja pintoresca, no era la típica pareja de príncipes, no, no, ni mucho menos. Tampoco eran los típicos compañeros de trabajo, que se conocían desde el primer día, que va, que va. Eran una pareja, como ya he dicho, pintoresca.

Él era un intrépido pirata con alma de niño, un soñador con cara de pillo que luchaba sus pequeñas batallas como si el mundo dependiera de ello. Un pirata con un corazón de oro que se esforzaba en que el mundo en el que vivía se volviera un mundo mejor. Como un Robin Hood de la mar ayudaba a todos aquellos que necesitaban un apoyo y era una persona en el que todo buen amigo podía confiar.

Ella, según cuentan, era una princesa pelirroja, que tenía como mascota un dragón secuestrado. Despistada por naturaleza, vivía y soñaba por que las personas de su alrededor fueran lo más felices posible e intentaba con todos sus esfuerzos hacer mas fácil la vida a los demás. A pesar de su inocencia desastrosa, otra persona con alma de niña, en la que se podía confiar.

Ambos llevaban unas vidas paralelas, pero gracias al destino, estas vidas decidieron juntarse. Los primeros encuentros fueron un poco...pintorescos, como ellos, pero poco a poco se fueron conociendo.

Los días pasaron y sus vidas se iban entre cruzando, las aventuras se sucedían una tras otra hasta que llegó el gran día. En la ciudad se organizaba un gran torneo por el cumpleaños de los reyes del reino y todos los habitantes de la citée podrían participar. Prepararon sus mejores galas y se dirigieron para participar en los juegos. Durante el día hubo de todo, carreras, ninfas, chocolate, competiciones por un chupa-chups, lanzamientos de zapatillas y muchas pero muchas mariposillas de estómago.

Ambos sabían que no era un día normal, horas más tarde sus vidas se entrelazarían para siempre, se fundirían en uno y nunca más se separarían. Horas más tarde empezarían a escribir un nuevo cuento, un nuevo cuento lleno de aventuras, un cuento de un pirata y una princesa.